Ordenando emociones
No quiero darle nombres a las cosas. No es aburrido para mí,
sino más bien es una suerte de tirar la piedra y esconder la mano, a sabiendas
de que cada enunciado va a responder a una crítica vivida, a una situación o a
un calificativo recibido anteriormente, estaba nutrido yo de esas negativas, el
no sirves o no eres lo suficientemente bueno con, esto o aquello, me vuelvo el
fan perdido de las tardes perdidas esperando el día siguiente, la noche
siguiente, el mes siguiente o el próximo año para ser feliz.
Sé que me he puesto muy caracol hablando de depresión estos
días, así que evitaré el tema y si bien no me será muy fácil escapar de él,
prefiero hablar de un par de cosas nuevas y me permito sonreír cuando la gente
me ve o reírme duro de algo mientras no. Lo cierto es que doy vueltas en los
viejos paradigmas y me atemoriza saber que luego los míos ya están por morir.
Hay situaciones que no podremos cambiar, personas a las que conmoveremos
o aquellos a los que simplemente pareceremos ridículos por la forma en la cual
sentimos los dolores y los sueños, “muy idealista te ha salido el chico” no es
una buena forma de venerar a la relación padre e hijo, por diferentes somos
aquellos que destacamos, por ende, aquellos primeros a ser torturados.
Entonces estoy en esta situación donde por más que quiera
hacer algo y nada me lo impida se me convierte en una tarea compleja el dejar
de pensar en los desaciertos, a veces. Vi pasar por mis ojos momentos tiernos,
y momentos incómodos, se quedaron dentro los momentos tiernos y eso me hizo ser
un optimista, idealista que piensa en el bien del otro, soy un monstruo.
:(
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